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Ingeniería Civil en Mesopotamia

Miércoles, 05 Agosto, 2026

La palabra Mesopotamia significa entre dos ríos y, haciendo honor a su nombre, esta región estaba situada en los ríos Tigris y Éufrates. Fue cuna de las primeras civilizaciones y pionera en la escritura, así como en las primeras técnicas constructivas. Como Ingenieros, el origen de una parte de lo que somos habría que buscarlo en esta tierra. 

En Mesopotamia, se construyeron las primeras “ciudades estado†de la humanidad (hace más de 4.000 años a.c): Ur, Uruk y Lagash. Estas independientes unas de otras y, para protegerse, cada una de ellas estaba rodeada de una gran muralla. En el centro de la ciudad, construían un templo conocido como zigurat, desde donde controlaban el comercio, las cosechas y los impuestos. Todo un entramado urbanístico y constructivo pionero, digno de admirar para la época. 

Innovación y creatividad arquitectónicas

Mesopotamia fue escenario de innovación y de creatividad. Sentó las bases de técnicas constructivas que hoy damos por sentado. Podemos así hablar de los primeros esbozos de Ingeniería Hidráulica, Urbanismo y diversas técnicas de Construcción.

El desarrollo de estas ciudades y la expansión de la agricultura se hizo posible gracias a la construcción de canales y acueductos. Los deshielos de las altas montañas que sufrían durante primavera, hecho que provocaba ríos con gran volumen de agua y grandes inundaciones, dieron lugar a las primeras técnicas constructivas de Ingeniería hidráulica: los sumerios buscaban controlar las inundaciones y distribuir agua que contribuía al desarrollo de la ciudad y de la agricultura. Todo ello se materializó en canalizaciones que conseguían distribuir agua incluso en zonas alejadas para el cultivo. 

En Ingeniería hidráulica mesopotámica no solo destacan los canales de distribución de agua, también hay que mencionar la construcción de diques y esclusas. Estas construcciones permitieron controlar el flujo de agua y las inundaciones, facilitando la distribución de agua mediante la construcción de canales de irrigación. 

El control del caudal hidráulico fue una cuestión de vital importancia, ya que buena parte de la economía mesopotámica provenía de la agricultura. Las crecidas repentinas del río Éufrates podrían anegar en exceso los campos, anulando el trabajo agrícola de toda la temporada. Por el contrario, durante la época estival, era de suma importancia asegurar el riego debido al clima árido.

Para dar solución, los sumerios aprendieron a controlar los ríos, construyendo una red compleja de canales, embalses y presas, con las que podían controlar todos los recursos fluviales. Un hito único y admirable en la época.

Pero no solo fue importante su construcción, también el mantenimiento de las mismas. El paso constante de agua depositaba limos y sales en los canales, provocando que se obturasen con facilidad además de poder producirse una crecida repentina que destruyera diques o esclusas.

La gestión integral del agua fue un desafío único para los primeros “Ingenieros†en Mesopotamia. Estas construcciones no solo permitieron el cultivo agrícola en un entorno árido, sino que también fomentaron el crecimiento y desarrollo de ciudades prósperas.

Primeras huellas hacia el urbanismo

Tan admirable es la distribución y la gestión del agua como la construcción de sus ciudades y de los primeros bocetos de Urbanismo. Los centros urbanos estaban organizados en ciudades y estados, gobernados por un rey sacerdote. La mayoría de las grandes urbes estaban amuralladas y, poco a poco, fueron adquiriendo una trama reticular.

Como hemos comentado, los sistemas de construcción se desarrollaron ampliamente en esta región: la Ingeniería hidráulica y sanitaria, los caminos, los puentes y las artes navales de los imperios asirios, babilonios y otros pueblos de esa región son destacables. Entre sus edificios, se encuentran templos, palacios, granjas y casas; y en el centro de cada ciudad importante se hallaba la construcción más emblemática de Mesopotamia: el zigurat.

Los templos destacaron por poseer espacios destinados al cultivo y al rebaño, incluso talleres donde fabricaban diversos materiales. Aunque de tamaño enorme, eran de una planta con varias estancias situadas alrededor de un patio común: de esta forma, los diferenciaba de los monumentales zigurats. Los palacios poseían patios y estancias donde no solo habitaban el rey, sino también vivía la nobleza y los sirvientes. Estos se encontraban amurallados por almenas y torres.

Las casas eran sencillas y en esencia constaban de un patio alrededor del cual se construían las habitaciones. La cubierta exterior siempre era adintelada, aunque en el interior fueran abovedadas. Eran casas muy cerradas, con pocos vanos, debido al clima y también para dotarlas de carácter defensivo.

Entre ellas, distinguimos las casas colmena, realizadas en adobe o piedra, con cuerpo circular o cónico; y las casas srefa, que solían estar arriostradas entre sí y construidas con juncos que funcionaban como pórticos.

Los pórticos en Mesopotamia se manifestaban en dos tipos principales de estructuras: los imponentes pórticos de los palacios asirios, que a menudo presentaban columnas sostenidas por figuras de animales guardianes; y las estructuras más humildes, como las cabañas de juncos, con forma de arco parabólico invertido que servían como entrada.

Los palacios reales también contaban con grandes pórticos en la entrada. En cambio, los templos solían estar dotados de estos en la cima. Los zigurats, por último, tenían accesos monumentales con pórticos en el vestíbulo cupulado. 

Por tanto, también los arcos y las bóvedas tuvieron su origen en las marismas en Mesopotamia. El prototipo de estos lo constituía una serie de haces de juncos colocados verticalmente en el suelo, doblados hacia el centro y unidos por su extremo superior, formando así un techo.

La superficie exterior se cubría con una capa de barro. El arco y la bóveda radial fueron muy utilizados en Mesopotamia. Los primeros constructores de Asiria (región norte de Mesopotamia) conocían la bóveda de ladrillo y la empleaban a falta de madera.

El gran protagonista: el zigurat

Merece especial atención el zigurat, obra cumbre de Mesopotamia, construcción que llegó a convertirse en el edificio más representativo de la Ingeniería mesopotámica.

Se trata de un edificio monumental en forma piramidal compuesto por varios pisos y coronado con templetes, al cual se accedía por medio de escalinatas. Comenzó formando parte de templos pero, con el tiempo y debido al desarrollo urbanístico en ciudades y la necesidad de nuevas gestiones, se convirtió en el mismo templo.

El zigurat fue creado, en primer lugar, por los sumerios y, posteriormente, común a los babilónicos y asirios. La forma era de varios pisos construidos uno encima del otro, con el diferencial de que cada piso era más pequeño que la plataforma inferior sobre la que construía.

Las plataformas podían ser rectangulares, ovaladas o cuadradas y su número oscilaba entre dos y siete. Los zigurats se construyeron con ladrillos de barro (típico en Mesopotamia) horneado al sol o fuego.

Esta imponente estructura, aparte de admirable, es claramente diferenciable del resto de construcciones, sobre todo en altura, con una base que retrocede en forma hacia adentro a medida que la estructura se eleva y una parte superior plana.

Los ladrillos cocidos al sol forman el núcleo sólido del zigurat, mientras que con ladrillos cocidos al fuego formaron las caras exteriores. A diferencia de las pirámides egipcias, un zigurat era una estructura sólida sin cámaras internas. Una escalera exterior o rampa proporcionaba acceso a la plataforma superior.

El Gran Zigurat de la ciudad de Ur ha sido estudiado a fondo y ha dado lugar a muchas pistas con respecto a estos templos. Las excavaciones de principios del siglo XX revelaron una estructura de 60 por 40 metros en la base y coronada con tres niveles de terraza (se cree que llegaría una altura aproximada de 30 metros originalmente).

Un conjunto de tres escaleras masivas conducía a la primera terraza cerrada desde la cual otra escalera conducía al siguiente nivel. Y, finalmente, se encontraba la tercera terraza, dando a entender que el templo fue construido para los dioses y sacerdotes. 

La base interior estaba hecha de ladrillo de barro, cubierto por asfalto natural (una especie de alquitrán o betún natural), para protegerla. Cada ladrillo pesa aproximadamente 33 libras (alrededor de 15 kilogramos). Se estima que solo la terraza inferior requería alrededor de 720.000 ladrillos.

De hecho, se cree que la legendaria Torre de Babel fue uno de esos zigurats. Muchos estudios sugieren que esta construcción fue el templo del dios babilónico Marduk, además de existir un claro paralelismo de estas estructuras con los templos de la cultura maya en América.

La importancia de los materiales y las técnicas de construcción

Todas estas maravillas constructivas no hubieran sido posible sin materiales de construcción. Debido a su ubicación y gracias a la naturaleza arcillosa del terreno, los primeros poblados se comenzaron a construir con barro o arcilla (materiales poco resistentes que explica el alto grado de deterioro de las construcciones encontradas).

Se construyeron, así, los primeros terraplenes con bloques secados al sol. Poco a poco y, como consecuencia de la elevada erosión que presentaban, fueron perfeccionando la técnica y, con ello, fabricando los primeros adobes con mezcla de barro junto a otros materiales como paja.

A medida que pulían las técnicas constructivas, añadían nuevos materiales de construcción como la madera, principalmente madera de palmera para las cubiertas de los edificios y cañizo, ampliamente utilizada en las construcciones más sencillas y humildes para crear estructuras abovedadas que luego se recubrían con barro.

También aparece la piedra que, aunque escasa, se sabe que la utilizaban a modo ornamental para decorar ladrillos de adobe, como los relieves asirios o como reforzamiento de arcos. El betún, abundante en Caldea, también se empleó como material de construcción, formando una argamasa impermeable muy utilizada que estaba compuesta, además, de cal, arena y agua.

En el siglo VII a.C., estos materiales constituían las principales construcciones de Nabucodonosor, gran constructor de Mesopotamia, conocido por transformar Babilonia en una ciudad impresionante.

Sus construcciones más notables incluyen los Jardines Colgantes (una de las siete maravillas del mundo antiguo), la Puerta de Istar, la muralla de la ciudad y el templo de Esagila y el zigurat Etemenanki. También realizó importantes proyectos como el pavimentado de calles, junto con la construcción de canales y acueductos para el suministro de agua. Estas obras públicas reflejaban su poder y el de su imperio.

Respecto a las técnicas de construcción en cimientos, los constructores babilónicos no cavaban nunca bajo tierra. Debido a la naturaleza del suelo, pensaban que este poseía demasiada agua y, por tanto, poca firmeza y resistencia para excavar en él. Por ello, renunciaron a alcanzarlo y apoyaron sus construcciones directamente sobre el suelo, interponiendo entre este y las diferentes estructuras un macizo de asiento, que no era más que majestuosos basamentos o zócalos de muros en talud que trabajaban como “plataformas de asientoâ€. Tales zócalos se revestían de ladrillo cocido para aislar el terreno y evitar la degradación de la arcilla en caso de inundación.

Con el paso del tiempo y dada la naturaleza del suelo, comenzaron a sentir la necesidad de introducir “relleno estructural†para mejorar las condiciones iniciales de la resistencia del terreno y hacer frente a las acciones verticales provocadas en el cimiento.

También usaron esteras de caña para lograr una especie de armado que reforzaba el terreno y poder hacer frente, así, a la aparición de deslizamiento por acciones horizontales. Como podemos ver, se empieza a perfilar lo que hoy conocemos como Geotecnia, en cuanto a la clasificación y características del terreno.

En Persia, a causa de la herencia de Mesopotamia, también se llevó a cabo la construcción sobre plataformas o zócalos, elevando sus palacios sobre enormes plataformas, como la del Palacio de Persépolis. En este caso, sería la piedra el material primario y no la arcilla ni el ladrillo como en Mesopotamia, y los dotaron de anchos muros laterales de contención.

Estas plataformas de asientos son comparables con las losas de cimentación, ya que se utilizan para evitar asientos diferenciales en el terreno en suelos de baja capacidad de carga y elevada deformabilidad. 

Ingeniería subterránea

Por su parte, la Ingeniería subterránea, tal como la entendemos actualmente, tendría sus comienzos en Babilonia hacia el 2180 a.C, ya que numerosos estudios indican que fue construido un túnel bajo el río Éufrates, ordenado excavar por la reina Semíramis  para conectar ambas orillas de la ciudad de Babilonia, en la antigua Mesopotamia. 

Parece ser que las obras se iniciaron con la construcción de una presa provisional bajo el río Éufrates mediante la técnica del "falso túnel". Varios investigadores opinan que habría sido utilizado por peatones y carros tirados por caballos y que, efectivamente, conectaba las ambas riberas opuestas del río. Su descripción indica que fue revestido con ladrillos e impermeabilizado con betún.

Comunicación terrestre: las primeras carreteras

Cuando Mesopotamia fue gobernada por los persas, las comunicaciones pasaron a ser un referente, siendo a mediados del IV milenio a.C. cuando empezaron a trazarse las primeras carreteras. Estas se construyeron como una red organizada para facilitar la comunicación.

La construcción implicaba nivelar el terreno. Para ello, disponían de una base de piedras y tierras a modo de cimiento y utilizaban la Ingeniería para el drenaje, creando una capa con una mezcla de tierra y cal y asegurando el vaciado de agua. Finalmente, colocaban una capa de rodadura realizada con piedras mezcladas con cal o una especie de mortero para crear una superficie suficientemente lisa y resistente.

Además de su construcción, destaca su mantenimiento, construyendo los primeros drenajes de carreteras; los pasos elevados para cruzar pequeños ríos o atravesar terrenos difíciles; y la utilización de hitos para guiar a la orientación. Además de guardias para la seguridad, destaca la aparición de las primeras estaciones de descanso estratégicamente a lo largo de la ruta. 

Así, la primera carretera antigua de larga distancia de la que tenemos constancia es la llamada “camino real†que ya en el siglo VI a.C. que unía las ciudades de Susa y Sardes, a más de 2.500 km de distancia.

Esta red de carreteras no solo permitió las comunicaciones entre ciudades, sino que además ayudó a agilizar el comercio. Su prolongación hacia el este formaría posteriormente la conocida Ruta de la Seda. Es evidente, por tanto, que el mundo antiguo ya se percibió a la Ingeniería como un reto, compitiendo con las fuerzas naturales.

Origen legislativo

Para finalizar, cabe destacar la primera huella demostrada de la existencia de normas legales reguladoras de la Responsabilidad Civil de la profesión. Se trata del famoso código de Hammurabi, un rey babilónico entre los años 1792 y 1750 a.C. Así, los artículos 229 y 230 establecen que, de producirse el derrumbe culpable de una obra o de un edificio causando la muerte del cliente, el Arquitecto, amén de reparar a su costa los daños, debía pagar con su vida. Un comienzo violento, aunque ciertamente precursor de las normativas que sobre construcción han ido apareciendo a lo largo de la Historia.

Nota. Cimbra no se responsabiliza del contenido del mismo, al no aportar la autora la bibliografía correspondiente. 

Autora. María del Carmen González Estarlich. Ingeniera Técnica de Obras Públicas, MBA y Project Manager. 

Puedes leer el artículo completo en la web del Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas, en el número 429 de Cimbra, la revista de Ingeniería Civil de nuestra corporación.