Día del Peatón: la Ingeniería Civil en la protección de los usuarios vulnerables
Lunes, 17 Agosto, 2026Caminar forma parte de prácticamente todos los desplazamientos urbanos. Incluso cuando se utiliza el transporte público o el vehículo privado, el trayecto comienza y termina, habitualmente, a pie. A ello se une la recuperación de las ciudades de 15 minutos en los centros históricos, así como su desarrollo en los nuevos planes urbanísticos.
Por todo ello, garantizar la seguridad peatonal no constituye únicamente una cuestión de tráfico, sino un objetivo transversal relacionado con la movilidad, la accesibilidad universal, la salud pública y la calidad del espacio urbano.
El Día del Peatón, celebrado cada 17 de agosto, ofrece la oportunidad de evaluar los avances realizados y recordar que la protección de las personas que caminan debe ocupar una posición central en la planificación de las ciudades. Esta prioridad resulta especialmente relevante ante el peso que siguen teniendo los colectivos vulnerables en la siniestralidad vial.
En el ámbito internacional, más de la mitad de las personas fallecidas en siniestros de tráfico son peatones, ciclistas o motoristas, según la Organización Mundial de la Salud.
La vulnerabilidad continúa marcando la siniestralidad vial
Los últimos datos consolidados publicados por la Dirección General de Tráfico corresponden a 2024. Durante ese año, se registraron en España 101.996 siniestros viales con víctimas y fallecieron 1.785 personas. Aunque la mortalidad descendió un 1% respecto a 2023, el número de siniestros con víctimas aumentó otro 1%, lo que demuestra que todavía existe un importante margen de mejora.
Las personas usuarias de medios vulnerables (peatones, ciclistas, motoristas y usuarios de Vehículos de Movilidad Personal) sumaron 907 fallecidos, es decir, el 51% de todas las víctimas mortales. En el ámbito urbano, su presencia fue todavía más elevada: aproximadamente ocho de cada 10 personas fallecidas pertenecían a alguno de estos colectivos.
En el caso concreto de los peatones, en 2024 se contabilizaron 320 fallecidos, un 9% menos que en 2023 y un 16% menos que en 2019. A ellos se sumaron 1.775 heridos hospitalizados y 11.290 heridos que no precisaron hospitalización.
El 65% de las muertes peatonales se produjo en vías urbanas, donde también se concentraron el 89% de los heridos hospitalizados y el 95% de los no hospitalizados. Además, el 94% de los siniestros en los que estuvo implicado algún peatón tuvo lugar en calles y travesías urbanas.
Los datos reflejan también la especial exposición de las personas de mayor edad. En las vías urbanas, 136 de los peatones fallecidos durante 2024 tenían 65 años o más. Este indicador evidencia la necesidad de diseñar recorridos que tengan en cuenta velocidades de marcha más reducidas, tiempos semafóricos suficientes, buena visibilidad, pavimentos regulares, zonas de descanso y cruces de menor longitud.
El balance provisional de 2025, limitado a vías interurbanas y con datos computados a 24 horas, contabilizó 1.119 fallecidos. Los usuarios vulnerables representaron el 40% del total, con 451 víctimas mortales, entre ellas 103 peatones.
Esta última cifra supone una reducción del 4% respecto a 2024, aunque no puede compararse directamente con el balance nacional consolidado, que incorpora también las vías urbanas y las víctimas registradas hasta 30 días después del siniestro.
Treinta kilómetros por hora: una decisión que salva vidas
Una de las transformaciones más relevantes de los últimos años ha sido la generalización del límite de 30 kilómetros por hora en buena parte de las calles españolas. El Real Decreto 970/2020 modificó el Reglamento General de Circulación y estableció límites genéricos de 20 kilómetros por hora en vías de plataforma única, 30 kilómetros por hora en calles de un solo carril por sentido y 50 kilómetros por hora en aquellas que disponen de dos o más carriles por sentido.
La modificación no respondió únicamente a una voluntad de ordenar la circulación. La velocidad determina tanto la capacidad de reacción del conductor como la gravedad de las lesiones en caso de atropello. La propia normativa señala que el riesgo de fallecimiento de un peatón se reduce, como mínimo, cinco veces cuando el impacto se produce a 30 kilómetros por hora en lugar de a 50.
No obstante, una señal vertical no resulta suficiente por sí sola. Para que la velocidad real se corresponda con la establecida, el diseño de la vía debe inducir una conducción calmada. La reducción de la anchura de los carriles, las plataformas elevadas, los pasos peatonales sobreelevados, las ampliaciones de acera, las intersecciones compactas, los cambios de alineación y la incorporación de arbolado y mobiliario urbano contribuyen a transmitir al conductor que se encuentra en un espacio compartido.
La política de “ciudades 30” se integra así en el enfoque de Sistema Seguro, según el cual la infraestructura debe estar diseñada asumiendo que las personas pueden cometer errores, pero evitando que dichos errores produzcan consecuencias mortales o lesiones graves.
El Observatorio Europeo de Seguridad Vial recomienda precisamente límites urbanos de 30 kilómetros por hora, medidas de calmado del tráfico, rutas peatonales seguras y mejoras específicas en los cruces.
Peatonalizar no es únicamente cerrar calles
La peatonalización de centros históricos y comerciales constituye otro de los principales cambios experimentados por las ciudades españolas. Estas actuaciones han permitido recuperar espacios tradicionalmente ocupados por la circulación y el estacionamiento para destinarlos a itinerarios peatonales, zonas estanciales, vegetación, actividad comercial y convivencia ciudadana.
Desde la perspectiva de la Seguridad Vial, la eliminación o reducción del tráfico motorizado disminuye los puntos de conflicto y permite crear recorridos más continuos.
Sin embargo, una peatonalización eficaz debe ir acompañada de una planificación integral: accesos para residentes y emergencias, distribución urbana de mercancías, conexión con el transporte público, aparcamientos de disuasión y soluciones para personas con movilidad reducida.
También debe evitarse que la mejora quede limitada a una calle o plaza concreta. La verdadera protección del peatón exige construir redes completas que conecten viviendas, centros educativos, comercios, instalaciones sanitarias, estaciones de transporte y espacios públicos. Las aceras aisladas, los pasos sin continuidad o los itinerarios interrumpidos por obstáculos reducen la eficacia de cualquier intervención.
La Ingeniería Civil, al servicio de una movilidad más humana
La Ingeniería Civil desempeña un papel fundamental en esta transformación. La seguridad peatonal comienza en la fase de planificación, mediante el análisis de la movilidad, los aforos, la localización de atropellos, la jerarquización viaria y la identificación de los principales centros generadores de desplazamientos.
A partir de ese diagnóstico, los Ingenieros Civiles intervienen en la definición de las calles, la accesibilidad de los itinerarios, el drenaje, la pavimentación, la iluminación, la señalización, la regulación semafórica y la implantación de medidas de calmado.
Nuestros Colegiados también participan en las auditorías de Seguridad Vial y en la evaluación posterior de las actuaciones, comprobando si se han reducido las velocidades, los conflictos y la gravedad de los siniestros.
Entre las soluciones más relevantes, se encuentran el ensanchamiento de aceras, la eliminación de barreras arquitectónicas, los rebajes correctamente ejecutados, los pavimentos táctiles, las isletas refugio, la iluminación reforzada de los pasos, la mejora de la visibilidad en intersecciones y la reducción de la distancia que debe recorrer el peatón para cruzar la calzada. Estas medidas resultan especialmente importantes en entornos escolares, residencias de mayores, centros sanitarios y estaciones de transporte.
El reto de los próximos años consiste en consolidar estos avances y extenderlos a barrios periféricos, travesías y municipios de menor tamaño. La seguridad no puede depender del lugar de residencia ni limitarse a las áreas centrales de las grandes ciudades.
Con motivo del Día del Peatón, el Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas reivindica el papel de la Ingeniería Civil en la protección del peatón. Esto significa reducir la siniestralidad, favorecer la autonomía de mayores y menores, impulsar una movilidad más sostenible y recuperar el espacio público como lugar de encuentro.
