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Un año de ODS. Acción por el clima

Lunes, 27 Septiembre, 2021

La Organización de Naciones Unidas ha establecido el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 13 como el de Acción por el clima, con el fin de reducir los daños naturales provocados por el cambio climático. “El Acuerdo de París, aprobado en 2015, aspira a reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático manteniendo el aumento global de la temperatura durante este siglo muy por debajo de dos grados Celsius con respecto a los niveles preindustriales. El acuerdo también aspira a reforzar la capacidad de los países para lidiar con los efectos del cambio climático mediante flujos financieros apropiados, un nuevo marco tecnológico y un marco de desarrollo de la capacidad mejorado”. 

Dentro de los datos aportados por la ONU, destacamos los siguientes:

  • “Entre 1880 y 2012, la temperatura media mundial aumentó 0,85 grados centígrados. Esto quiere decir que por cada grado que aumenta la temperatura, la producción de cereales se reduce un 5% aproximadamente”.
  • “Los océanos se han calentado, la cantidad de nieve y de hielo ha disminuido, y ha subido el nivel del mar. Entre 1901 y 2010, el nivel medio del mar aumentó 19 cm, pues los océanos se expandieron debido al calentamiento y al deshielo”.
  • “Dada la actual concentración y las continuas emisiones de gases de efecto invernadero, es probable que a finales de siglo el incremento de la temperatura mundial supere los 1,5 grados centígrados en comparación con el período comprendido entre 1850 y 1900 en todos los escenarios menos en uno. Los océanos del mundo seguirán calentándose y continuará el deshielo. Se prevé una elevación media del nivel del mar de entre 24 y 30 cm para 2065 y entre 40 y 63 cm para 2100”.
  • “Las emisiones mundiales de dióxido de carbono (CO2) han aumentado casi un 50% desde 1990”. 

Ante estos escenarios, el objetivo principal de la ONU, a través de los ODS, es la consecución de ciudades y entornos habitados resilientes ante los cambios climáticos. Por un lado, mediante la educación y la toma de medidas que permitan la reducción de emisiones y los problemas que éstas ocasionan. Por otro, a través de la aplicación de acciones concretas, como la construcción de infraestructuras sostenibles que abastezcan a la población de servicios mínimos y que frenen los daños ocasionados por el clima.

Construcción consciente

Desde el CITOP, siempre se ha recomendado un cuidadoso estudio previo de las condiciones naturales antes de llevar a cabo cualquier proyecto de Construcción. Algo con lo que coincide el Ilustre Colegio Oficial de Geólogos, tal y como recoge Europa Press: “El Colegio de Geólogos reitera que construir en llanuras aluviales de ríos agrava el riesgo de inundaciones, como hemos visto estos días en Alemania, Bélgica y Países Bajos. Por eso, señala la importancia de elaborar y aplicar de modo restrictivo los mapas de riesgo en la planificación urbanística de pueblos y de ciudades como la medida más eficaz para reducir el riesgo de inundaciones”.

Se trata del mayor peligro, a día de hoy en España, en relación con el cambio climático. Para reducirlo, se han de establecer una serie de acciones básicas en el sector de la Construcción:

  • Construcción consciente, con un análisis pormenorizado de las cuencas fluviales, las áreas de influencia del mar y de los espacios protegidos de humedales.
  • Desarrollo de infraestructuras resilientes que permitan un ahorro de costes a través de un mantenimiento efectivo.

Infraestructuras para el cambio

Una de las principales consecuencias de las emisiones es el incremento de la temperatura y, por tanto, el aumento del deshielo. Éste, a su vez, provoca inundaciones, como las ocurridas en Europa central este verano. Además de los daños personales, se producen perjuicios en las infraestructuras clave de conexión, como es el caso de puentes, vías de ferrocarril y aeropuertos.

Para poder evitar este aspecto, se requieren inversiones que, más que fomentar la construcción de nuevas infraestructuras, adapten las ya existentes a las nuevas necesidades climáticas. Así lo recoge El Español en un artículo de enero de 2020: “Según la Comisión Europea, entre el 30% y el 50% de los costes de mantenimiento de carreteras son derivados de los efectos del cambio climático, lo que conlleva un gasto de entre 8 y 13 billones de euros al año solo en el continente europeo. De mantenerse este incremento de las temperaturas, la Comisión Europea prevé que, en 2040, será necesaria una inversión adicional de 150 millones de euros anuales para mantener las infraestructuras de transporte en buenas condiciones”. 

Por ello, empresas como Acciona están llevando a cabo acciones en dos sentidos:

  • Por un lado, en la aplicación de materiales resilientes, ya en pruebas en diferentes tramos de las carreteras españolas previamente construidas y que se llevarían a cabo en el proceso de reparación (tal y como se recogía en la revista de Ingeniería Civil Cimbra).
  • Por otro, mediante la monitorización de las infraestructuras a través de programas específicos de toma de datos y análisis de su estado. “Los institutos y centros de investigación de siete países europeos, junto a 12 empresas privadas, están implicados en el proyecto ‘Panoptis’, que permitirá monitorizar las infraestructuras de transporte en situaciones adversas. Irene Sevilla, responsable de Acciona en el proyecto ‘Panoptis’, señala que se están aplicando “tecnologías de la información para mejorar el conocimiento sobre el estado de las vías y para poder prever su comportamiento futuro”. Para conseguirlo, los investigadores hacen uso de “herramientas como el Internet de las cosas, el Big Data, los drones, la inteligencia artificial y el machine learning”.

Así, se obtiene información en tiempo real para aplicar, junto con informes de clima, soluciones que permitan evitar males mayores. De estos estudios surgen herramientas como las creadas por el Banco Mundial y por el Banco Latinoamericano para la adaptación de las carreteras al clima, algo que se fomenta especialmente en la construcción de las nuevas vías de países en desarrollo.

Una controversia si lo analizamos desde el punto de vista del coste, dado que las carreteras resilientes pueden incrementar su importe si las comparamos con las tradicionales. Si bien se trata de una inversión de futuro, ¿pueden estos países en desarrollo hacer frente a estos gastos? “Por eso, el Banco Mundial, la Comisión de la Unión Africana y la Comisión Económica para África de las Naciones han desarrollado varias iniciativas para ayudar a los países africanos a incorporar el cambio climático en la gestión de activos viales, creando el Mecanismo de Inversión para la Resiliencia al Cambio Climático de África (Africa Climate Resilient Investment Facility)”, tal y como se recoge en El Español.

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