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Cimbra Histórica. Bombos y chozos de pastores de La Mancha

Jueves, 11 Noviembre, 2021

En el número 105 de Cimbra, de marzo de 1974, el Ingeniero Civil L. Ruiz Vargas reflexiona sobre la existencia de pequeñas construcciones de campo en nuestro país y su uso, especialmente destinado al cobijo de los pastores. Se trata de los chozos y de los bombos, casi desaparecidos, pero que presentan estructuras concretas y usos de la Construcción que tener en cuenta. 

Contexto

¿Por qué los profesionales de la Construcción nos interesamos menos por la historia de nuestro oficio que los de otras actividades? Hay multitud de historias del arte, del derecho, de la medicina, de la música, de las guerras, etc., y no muchas, que yo sepa, de la Construcción. 

En algunas historias del arte, se explica cómo la Arquitectura griega se apoya en las formas de las primitivas construcciones de madera, así los goterones, dinteles, frontones, columnas, capiteles, basas, etc. Pero hay otras construcciones primitivas de las que no sabemos nada la mayoría de los dedicados a la Ingeniería y a la Arquitectura, ni siquiera conocemos su existencia, aunque éstas estén levantadas en nuestro país.

Voy a intentar que se conserve, impresa y que la conozcamos, una información sobre dos tipos de construcción, muy interesantes y antiguos, que están desapareciendo rápidamente. 

De uno de ello, los chozos de pastor, no queda ya ningún vestigio auténtico en La Mancha, donde hubo muchos. Del otro, los bombos, quedan aún muchos, que se están abandonando y derribando, pero casi exclusivamente en las proximidades de Tomelloso. En Extremadura, pueden verse aún dos aros de los primeros, de mampostería, en plena ruina.

Cuando en el capítulo XII de El Quijote, el cabrero le dice a éste: “Y por ahora, bien será que os vais a dormir debajo de techado…” y Sancho “…por su parte, que su amo se entrase a dormir en la choza de Pedro”, es a uno de estos chozos donde le invitan a entrar. 

Hoy se pueden ver, gracias al buen gusto de unos propietarios manchegos, dos reproducciones muy fieles de estos chozos: uno en Puerto Lápice y otro en Fuente del Fresno.

Bombos

En todos los tiempos, los habitantes de las distintas regiones del globo acertaron a utilizar, para construir sus viviendas, los materiales de más fácil obtención entre los que se tenían a mano. Así, los esquimales emplearon los bloques de hielo; los nómadas del desierto, las pieles de los animales con los que convivían; y los orientales, los bambúes. En nuestro país, los manchegos, las pequeñas piedras que son residuos de la gran capa caliza que cubrió su tierra en otro tiempo, los juncos de las zonas encharcadas por el Guadiana y su afluentes y el bálago o paja de centeno. 

Los bombos, destinados a vivienda y a cuadra, están construidos con la más auténtica “mampostería en seco”, sin barro ni argamasa alguna que rellene sus huecos y sin cimbras ni andamiajes, sin más medios auxiliares que una pequeña y rudimentaria escalera y sin otro elemento técnico que “un hombre que saber hacerlos”. Se edifican trabajando sobre la obra que se va haciendo y no por dentro.

Así se consigue una construcción en la que no entra una gota de agua, por mucho que llueva o que nieve, dentro de la cual no se sienten los extremos calores del verano ni los extremos fríos del invierno, debido al enorme grosor de sus muros. 

No sé cuánto tiempo hace que empezaron a construirse los bombos pero, por algunos datos tomados sobre el terreno, no cabe duda de que tienen no pocos siglos de existencia.

La parte baja de la bóveda está hecha en “falsa bóveda”, trabajando, así, sus piedras como ménsulas, por lo que no se precisa cimbra, pero en el remate central están colocadas las piedras como auténticas dovelas.

Hay grupos de dos bombos comunicados entre sí y destinado, uno a caballerías y, el otro, a las personas. Pero, por lo general, es que sea uno solo dividido por una pared con una puerta, a un lado de la cual está la cuadra y, al otro, la vivienda.

En el interior de los de Tomelloso y sin describirlos, sitúa el novelita García Pavón algunas escenas de sus novelas manchegas, con sus protagonistas Plinio y Don Lotario y, la mayoría de los lectores, según he podido comprobar, no se dan idea de cómo son aquéllos.

En el pueblo de Tomelloso, se ha construido recientemente un bombo de grandes dimensiones, patrocinado por el ayuntamiento de esta localidad y destinado a museo de carruajes. En el solar en que está emplazado, se exhiben bellos carros de todas las épocas anteriores a la llegada del tractor. 

Chozos

Los grandes son confortables y de construcción más complicada y difícil de lo que a primera vista parecen. Su aro es siempre de mampostería con barro o con argamasa. No se tiene noticia de que haya existido alguno construido con ladrillo o con adobes, ni de tapial. 

Los ventanos raramente daban al exterior, pues, como puede verse en los restos que quedan en Extremadura y según nos informan los viejos pastores que vivieron en ellos, eran a manera de hornacinas o alhacenas interiores para colocar en ellas los pocos y modestos enseres de su uso.

Estos grandes chozos de aro de mampostería y cubierta de rectos palos sobre los que se sujeta un entramado de juncos y bálago (paja de centeno), tan hábilmente colocado que no deja pasar el agua de la lluvia ni de la nieve, con hogar en el centro eran, generalmente, para cinco pastores. 

Los pequeños chozos, sin más materiales que un entramado de ramas y bálago, que a veces hasta son trasladados sobre una caballería, suelen ser para dos pastores y también resultan confortables porque hacen buena sombra en verano y conservan muy bien el calor de las brasas con que son calentados en invierno. 

Cerca de la puerta de los chozos, grandes y pequeños, se coloca un “caramancho” o gran rama de encina en la que se cuelga la ropa al aire libre, los calderos y sartenes y algunos utensilios de trabajo. 

Hasta hace no mucho tiempo, los pastores comían, casi exclusivamente, migas, gachas y sopas de pan moreno con sebo de oveja o con aceite, aderezadas con pimentón y laurel. El aceite y el pan se lo daba la casa o el patrón para quien trabajaban.

[…] Vemos, por tanto, cómo el “ingenio” es el primer elemento necesario a la construcción –Ingeniero viene de ingenio-, y si a ésta le asociamos un sentido estético intuitivo que relacione en ella líneas, masas y volúmenes, entramos de lleno en la Arquitectura.

Bombos y chozos, aunque éstos derivados quizás de las primitivas viviendas ibéricas, son muestras, por tanto, dignas de figurar en un capítulo de la futura historia de la Construcción.

Autor. L. Ruiz Vargas, en Cimbra número 105 (marzo de 1974).

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