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Hacia un modelo de ciudad más sostenible, ¿a qué retos nos enfrentamos?

Martes, 28 Diciembre, 2021

El urbanismo cobra cada vez más importancia, debido a los grandes retos que se han implantado a nivel internacional en torno a las ciudades. La sostenibilidad, la accesibilidad y la creación de espacios antes inexistentes (como espacios para el ejercicio al aire libre) suponen un gran cambio de estrategia en la concepción de la construcción de las ciudades tal y como lo entendíamos ahora. Para conocer este golpe de timón hablamos con Álvaro Luna, Ecólogo Urbano y Profesor del Grado en Medio Ambiente de la Universidad Europea, que analiza la importancia de elementos, como la flora y la fauna, que han de tener en cuenta los Ingenieros Civiles. 

Hacia un modelo de ciudad más sostenible 

La relación de la Ecología con los entornos urbanos viene principalmente de dos siglos atrás, aunque durante mucho tiempo esta interacción fue meramente anecdótica. Las primeras aproximaciones a la comprensión de que la biodiversidad nos acompaña en las ciudades aparecieron durante el siglo XIX en los países más desarrollados de Europa, donde algunos naturalistas comenzaron a valorar que la variedad de flora, presente en las grandes urbes, no era desdeñable y que algunas especies de animales podían de algún modo verse influenciadas (para bien o mal) por el desarrollo de estos asentamientos humanos y sus infraestructuras asociadas, como los centros industriales. 

El vínculo de la contaminación con nuestra propia salud y bienestar también se sabe desde antaño, aunque no siempre se ha actuado con decisión para diseñar las ciudades con criterios de habitabilidad adecuados. No fue hasta los años 80 del pasado siglo XX cuando la Ecología Urbana emergió como disciplina en sí, evidentemente asociada a la Biología en un sentido más amplio y en constante interacción con áreas como la Ingeniería, la Arquitectura, la Psicología y la Educación, erigiéndose como una rama con personalidad propia pero que bebe de otras disciplinas. 

Actualmente, el desarrollo de proyectos encaminados a diseñar ciudades más habitables y a comprender cómo llevar a cabo esta transición reúne cada vez a más expertos y nuestro conocimiento sobre todo tipo de aspectos vinculados a salud ambiental y humana en urbes son más amplios. No obstante, siguen manteniéndose ciertos sesgos, como el desigual conocimiento y aplicabilidad del mismo en diferentes regiones (con clara desventaja para aquellos países en vías de desarrollo) y biomas (casi todo lo que se sabe sobre algunos aspectos de la Ecología Urbana se centra en ciudades ubicadas en zonas templadas del hemisferio norte). Además, muchas ciudades siguen sin seguir las directrices de los expertos a la hora de adentrarse en el siglo XXI, con un escenario de Cambio Climático que parece inevitable y al que tenemos que adaptarnos nosotros y nuestras aglomeraciones urbanas.

Interdisciplinaridad, flora y fauna

En pleno proceso de transición hacia un modelo de sociedad más sostenible, se hace más necesaria si cabe la interdisciplinaridad en todo lo relacionado con el diseño urbano y la transformación hacia unas ciudades que permitan una vida más saludable para nosotros mismos. 

Esto puede abordarse desde diferentes ángulos, sin ir más lejos contemplando el rediseño de nuestro espacio público, que debe fomentar verdaderamente el esparcimiento y el bienestar de los ciudadanos, destinando más espacio a aceras, plazas, instalaciones deportivas y al transporte público. Evidentemente, el acceso a zonas verdes se hace vital y ha demostrado tener un claro vínculo con la salud física y mental de las personas, de forma que simplemente poder atravesar un parque mientras acudes al trabajo o poder pasear o hacer deporte en uno en los ratos libres resulta beneficioso. A su vez, estos espacios cumplen un papel no desdeñable para la Educación Ambiental y el disfrute de la fauna y de la flora, especialmente para principiantes, ya que atesoran una biodiversidad fácil de observar e identificar con unas nociones básicas. 

En este sentido, hoy sabemos que tanto los grandes parques como los pequeños jardines e incluso las avenidas bien arboladas pueden favorecer la biodiversidad y deben ser bien integrados en las ciudades, ya que actúan como corredores naturales dentro de las mismas y directamente albergan a especies tanto residentes como visitantes esporádicas durante su paso migratorio, por ejemplo. En todo esto entra de lleno el diseño y la gestión urbanos, ya que la ubicación, el tamaño y el número de parques influye en qué biodiversidad se mantendrá en los mismos y su gestión empleando las técnicas más adecuadas, incluyendo la selección correcta de plantas, siegas y podas adecuadas, el manejo apropiado de árboles viejos y madera muerta, y la instalación de puntos de agua y cajas nido, por dar solo algunas ideas, resultará decisiva. 

Muchas de estas especies que nos acompañan, más allá de la belleza visual y sonora que pueden aportar, ofrecen multitud de bienes que resultan positivos para nosotros, por lo que con un correcto planteamiento podemos contar con insecticidas naturales, en forma de vencejos, aviones y murciélagos que mantienen a raya las poblaciones de algunos insectos. En este sentido, podemos incluir a las rapaces diurnas y nocturnas, que contribuyen consumiendo también roedores. 

También podemos hablar de los beneficios asociados a los árboles, que rebajan en varios grados la temperatura de la acera, el asfalto y de las ciudades en sí, el filtro para la contaminación que suponen y el lugar de nidificación que ofrecen para diferentes especies. En cuanto a los ecosistemas acuáticos, cada vez se explora más el uso del agua de los tanques de captación de lluvia y de las aguas residuales para la creación de pequeños humedales urbanos, lo que incrementa la biodiversidad.

Los tramos de río que atraviesan nuestras ciudades también merecen ser mencionados. Casos de renaturalización tan exitosos como el del río Manzanares a su paso por Madrid han puesto de manifiesto el rumbo equivocado que se había tomado en las últimas décadas, por lo que se espera que más ciudades se sumen a este tipo de iniciativas y devuelvan sus ríos a un estado de mayor naturalidad, dejando atrás su visión actual de meros canales hormigonados, sin valor natural ni para los propios ciudadanos. En general, todas las actuaciones encaminadas a valernos de la naturaleza para el diseño de nuestras propias ciudades y a revalorizarlas resultan prioritarias y nos permitirán vivir en un entorno diario que nos genere una percepción más positiva. Incluso desde el punto de vista económico, los bienes ofrecidos por la naturaleza urbana pueden contribuir en la mitigación de los efectos del Cambio Climático en ciudades y al control biológico de ciertas especies.

Más allá de las zonas verdes, los cascos históricos y los propios edificios de las ciudades deben encaminarse hacia conceptos más amigables con la biodiversidad y con el propio bienestar de las personas. Existen estrategias para compatibilizar la estética y la limpieza de nuestros edificios y calles con el mantenimiento de nidos de aves, sin ir más lejos. Del mismo modo, pueden llevarse a cabo iniciativas para que cuando se acometan tareas de rehabilitación y restauración de edificios históricos se mantengan e incluso se potencien los huecos que aves y murciélagos usaban previamente. En España, se están dando pasos acertados en esta línea, pero aún siguen viéndose despropósitos y no siempre se percibe un interés real por parte de administraciones y empresas en hacer actuaciones de forma correcta. 

Así, mientras que en algunos castillos, murallas y edificios religiosos se promueve la instalación de cajas nido o se ha tenido en cuenta la presencia de poblaciones de especies protegidas de cara a tareas de rehabilitación, incluso poniéndolas en valor, en otras ocasiones se percibe un gran desinterés o falta de comunicación cuando hay soluciones factibles y beneficiosas para todos. Muchos edificios de nueva construcción podrían igualmente resultar más amigables para la fauna, incluyendo de por sí pequeñas rendijas y huecos que en ningún caso afectarían a la calidad de la vivienda ni a la vida de sus ocupantes y que facilitarían la vida de algunas especies que nos han acompañado durante siglos.

Otro gran reto para las ciudades es la gestión de sus residuos. Hay lugares del mundo en los que los ríos son literalmente invisibles, sepultados bajo toneladas de basura que la gente vierte directamente sobre ellos al no disponer de un servicio de recogida eficaz.

En otras ocasiones, la basura se acumula directamente en las calles, promoviendo unas condiciones de insalubridad insostenibles. Si bien aquí no convivimos de forma cotidiana con este escenario, los tramos urbanos de algunos ríos españoles no atesoran las mejores condiciones y la presencia de residuos de diverso tipo, con especial énfasis estos últimos años en las toallitas húmedas mal desechadas, es preocupante.

Del mismo modo, puede constatarse cómo una gran variedad de aves emplea plásticos y otros residuos urbanos en la construcción de sus nidos, con el peligro para sus propios ocupantes de quedar enganchados y sufrir graves percances, como de hecho ocurre. También puede percibirse cómo no pocas palomas de nuestras ciudades llevan fibras enganchadas a sus patas, provocándoles graves lesiones.

Respecto al plástico y a otros elementos contaminantes, seguimos sometidos a altos niveles, viéndose comprometida nuestra salud. En este sentido, de nuevo hace falta una gran colaboración entre expertos de toda índole, a fin de buscar soluciones que reduzcan nuestra exposición diaria a ciertos contaminantes, y a que la vida de millones de personas sea más saludable.

Principales conclusiones

Un resumen a modo de conclusión nos lleva a la idea de que hay muchas ciudades en el mundo, con culturas y realidades bien distintas y que afrontan desafíos inmensos con desigual punto de partida y posibilidades reales de acometer los grandes cambios que han de producirse. Hoy tenemos más conocimiento y un nutrido conjunto de expertos de todo tipo dispuestos a colaborar y aportar ideas que sumen para crear las ciudades del presente y del futuro.

Estas ciudades deben priorizar a los ciudadanos, tanto en la vía pública como a través de zonas verdes y condiciones de vida sanas, disminuyendo los niveles de polución a los que viven sometidos millones de personas. Muchas de las escenas que han sido habituales en las ciudades del siglo XX deben quedar ya en el pasado.

Así, la biodiversidad debe ser considerada, aunque sea tan solo por los múltiples beneficios, tanto tangibles como intangibles, que nos ofrece su presencia en ciudades. Para albergar a un mayor número de especies debemos valorar la calidad y variedad de las zonas verdes, así cómo el diseño y la gestión del conjunto de edificios (nuevos e históricos) que componen cada ciudad.

Autor.  Álvaro Luna, Ecólogo Urbano y Profesor del Grado en Medio Ambiente de la Universidad Europea.