Actualidad

Primer aniversario de las “Ciudades 30” por Pere Navarro, Director de la DGT

Jueves, 09 Junio, 2022

El Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas continúa con la campaña “Ingeniería Civil y Seguridad Vial”, que está llevando durante todo el mes de junio. Entre las entidades colaboradoras, encontramos a la Dirección General de Tráfico, que participa con este artículo firmado por Pere Navarro Olivella, Director del organismo dependiente del Ministerio del Interior. 


La celebración del primer aniversario de la puesta en marcha de los 30 km/h para las calles de un único carril de circulación ofrece una buena oportunidad para mirar atrás y ver el camino recorrido.

Todo empezó al presentar el balance de la siniestralidad del año 2019, cuando algunas cifras llamaban la atención. Comprobamos que los fallecidos en nuestras ciudades habían aumentado en un 6% mientras que en las carreteras disminuían en el mismo porcentaje, que el 82% de los fallecidos en la ciudad eran usuarios vulnerables (peatones, ciclistas y motoristas) y sobre todo que 277 personas habían fallecido por atropello en el ámbito urbano.

Estos datos llamaban la atención, algo había que hacer y aquí es donde reaparece el proyecto de los 30 km/h que estaba en un cajón de la Dirección General de Tráfico. Pero para hacerlo realidad habría que buscar razones y complicidades, por ser una iniciativa delicada que afectaba a la velocidad y a las ciudades.

Las razones eran evidentes. La probabilidad de fallecer por atropello a 50 km/h es del 90% y a 30 km/h es del 10%, la distancia de frenado se reduce a la mitad y todo el mundo podría entender que circulando a 50 km/h por una calle con un único carril, las probabilidades de sortear un obstáculo que aparezca de repente, como por ejemplo, un niño, son realmente escasas.

En cuanto a las complicidades, los ocho ayuntamientos más grandes del país enviaron un escrito de apoyo a la medida, explicando sus ventajas para la movilidad. La propia Federación Española de Municipios y Provincias envió una amable carta de adhesión pidiendo que se fuese más allá y que había que ser más ambiciosos.

Por supuesto, la medida fue sometida al preceptivo proceso de consulta y participación con las ochenta entidades que forman parte del Consejo Superior de Tráfico y Seguridad Vial y se comprobó que gozaba de un consenso mayoritario.

Con estos antecedentes, se tramitó y se aprobó por el Consejo de Ministros el Real Decreto 970/2020, de 10 de noviembre, por el que se modifica el Reglamento General de Circulación en materia de medidas urbanas. Este Real Decreto incluía esta medida, que entraría en vigor a los seis meses de su publicación para dar tiempo a los Ayuntamientos a adecuar su implementación y su señalización.

El 11 de mayo, coincidiendo con su entrada en vigor, se presentó la medida en Valladolid, porque queríamos hacerlo fuera de Madrid y Barcelona y porque era un buen ejemplo de ciudad con muchas iniciativas en materia de movilidad. Se elaboró un audiovisual pedagógico en el que se podía apreciar el antes y el después de la medida en el paisaje urbano, se informó a los ciudadanos con la correspondiente campaña de comunicación y se publicó una guía para su implementación, en la que se daba respuesta a las dudas que habían planteado los diferentes ayuntamientos.

Sobre la medida quizás conviene destacar que no es una medida puntual y aislada, sino que detrás hay todo un proyecto de movilidad urbana.

El proyecto descansa en aquel modelo que nos dice que el 20% de la longitud de las calles soporta el 80% del tráfico urbano. Son las vías de entrada y de salida de la ciudad y las que enlazan los nudos de distribución entre los barrios, que deben estar blindadas a 50 km/h para garantizar la necesaria fluidez. Pero fuera de esta red, queda el 80% de la longitud de nuestras calles, que solo soporta el 20% del tráfico para salir o llegar a nuestro destino y aquí es donde entra el calmado del tráfico a 30 km/h.

El automóvil seguirá siendo imprescindible para aquellos desplazamientos obligados por razones de trabajo que no tienen alternativa con el transporte público, pero no puede ser el modo habitual para desplazarse por dentro de la ciudad, porque no hay espacio y porque mover 1.000 kg para desplazar a una persona no es eficiente. Aquí es donde vuelve a aparecer el calmado del tráfico a 30 km/h.

Es verdad que la medida nace por razones de Seguridad Vial pero, además, nos ha de permitir reducir el tráfico, el ruido, la contaminación y aportar una mejor calidad de vida.

Se pudo comprobar que la medida apuntaba en la buena dirección cuando, en la Semana Mundial de la Seguridad Vial del 2021, auspiciada por las Naciones Unidas, se adoptó el lema “Las calles son para la vida. Love 30” o por la recomendación de un límite de 30 km/h en calles con una elevada convivencia entre los diferentes modos de desplazamiento que comparten la vía pública recogida en la Declaración de Estocolmo, con motivo de la Tercera Conferencia Mundial de Seguridad Vial. También por el interés despertado en Bruselas para ir a explicar la medida a nuestros homólogos europeos o por las múltiples videoconferencias realizadas a solicitud de los amigos de Latinoamérica.

Todos podemos coincidir en que un año es poco tiempo para hacer un balance riguroso para una medida pensada para el medio y para el largo plazo, pero ya podemos afirmar que las velocidades medias de circulación en nuestras ciudades han bajado y que, como consecuencia de esta disminución de velocidad, los fallecidos en el ámbito urbano también. 

Con datos provisionales a 24 horas, el número de fallecidos en siniestros viales en las ciudades en 2021 descendieron un 25% respecto a 2019 (año de referencia) lo que supone 97 fallecidos menos. La reducción ha sido más acusada en el caso de los peatones fallecidos (-32%) los ciclistas (-48%) y las personas mayores de 64 años (-40%).

Es cierto que el año 2021 fue un año atípico, en el que los confinamientos estuvieron vigentes hasta el nueve de mayo, con la consiguiente reducción de desplazamientos, por lo que si queremos ser más rigurosos, deberemos referirnos a los últimos ocho meses del año sin restricciones y con la vigencia del nuevo límite en los que las variables de movilidad y consumo de combustible ya estaban al mismo nivel o por encima del año 2019.

Teniendo en cuenta los ocho primeros meses que han transcurrido con la nueva normativa de los 30km/h (mayo-diciembre de 2021),  la siniestralidad  vial en las ciudades ha descendido un 14%, lo que significa 38 fallecidos menos. Desde mayo a diciembre de 2021, se han producido 222 siniestros mortales urbanos en los que han fallecido 227 personas. Durante este periodo, se han reducido un 17% los usuarios vulnerables y un 22% las personas mayores de 64 años.

Las reducciones mencionadas son una buena noticia y el aumento significativo de la longitud de las calles a 30 km/h ha supuesto la recuperación de espacio público para la convivencia que nos permite imaginar un futuro sugestivo con menos ruido, menos contaminación, menos señales de tráfico y hasta con menos semáforos en los centros de las ciudades, que no es poco. Por tanto, una medida pedida por los ayuntamientos, gestionada por los ayuntamientos y cuyo éxito corresponde a los ayuntamientos y a los ciudadanos que lo han entendido. Desde la DGT solo les hemos acompañado en el viaje.

Vivimos tiempos de cambios e incertidumbre, pero podemos afirmar que la movilidad segura y sostenible es un valor por el que vale la pena apostar. Esta medida es un paso adelante en la buena dirección para hacer de nuestro país un referente en movilidad urbana. Es más, me atrevo a asegurar que, probablemente, sea la medida más importante de esta legislatura en el ámbito de movilidad en las ciudades, el catalizador que pone en marcha otras posibles actuaciones (Zonas de Bajas Emisiones) que irán orientadas a conseguir las ciudades que todos queremos: más humanas, más razonables y más sostenibles.

Los navegantes dicen que el viento solo sopla a favor de los que saben adónde van y, en movilidad urbana, lo tenemos claro.

Autor. Pere Navarro Olivella. Director General de Tráfico