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“Quiero convencer a todo el mundo, desde el Presidente del Gobierno hasta a mi madre, de que es necesario inculcar amor por la Ingeniería"

Jueves, 12 Enero, 2023

En el número 422 de Cimbra, la revista de Ingeniería Civil del Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas, se incluye una entrevista a Sara Gómez, Directora del proyecto “Mujer e Ingeniería” de la Real Academia de Ingeniería, que busca una mayor participación femenina en las carreras STEM. Pero también un incremento de la visibilidad de los estudios técnicos en el ámbito social, haciendo hincapié en la necesidad de las ciencias en nuestro día a día. Hablamos con ella en este interesante artículo, ya disponible online. 

Introducción

Siempre está ocupada y no es para menos. Dirige un grupo de investigación en la Universidad Politécnica de Madrid y el proyecto “Mujer e Ingeniería” de la Real Academia de Ingeniería, además de participar en múltiples iniciativas a favor de lo que podría calificarse como su pasión, la profesión.

Doctora en Ingeniería Industrial, en su especialización en Construcciones, Sara Gómez Martín lleva toda una vida ligada a la UPM. Primero como estudiante y después como Directora de la actual ETS de Ingeniería y Diseño Industrial de la UPM y Vicerrectora.

En 2016, pasó a diseñar y a dirigir el proyecto “Mujer e Ingeniería” de la Real Academia de la Ingeniería, que persigue dos grandes objetivos. Por un lado, fomentar los estudios STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics en inglés) entre las jóvenes y, por otro, poner en valor el papel de las mujeres en esta rama del conocimiento.

Entre sus acciones, destaca un programa de mentoring que guía a las estudiantes a lo largo de sus estudios y las acompañan en su incorporación laboral. Una labor fundamental para romper, en un primer momento, la brecha de género en carreras técnicas, tradicionalmente masculinas y, posteriormente, el llamado techo de cristal. 

Una destacada trayectoria profesional que le permite saber y conocer casi mejor que nadie el panorama actual de la Ingeniería de nuestro país, también de la Civil. Hablamos con ella, en uno de esos pocos huecos que tiene libre, para analizar a qué nos enfrentamos en la profesión desde el punto de vista de la brecha, en sus dos vertientes: la generacional y la de género. 

Presente y futuro de la Ingeniería

Pregunta. En los últimos años, los datos de matriculación en Ingeniería no son especialmente favorables, sobre todo en lo relativo a Ingeniería Civil. ¿Cree que tendremos que hacer frente a un problema de relevo generacional en unos años?

Respuesta. Sin ninguna duda. Pero no creo que dentro de unos años y en relación al relevo generacional, que también, sino que, de forma inmediata, tenemos un reto: hay mucha más demanda de estos perfiles que la oferta que sale de las universidades. Ya no es solamente ese relevo generacional, que se producirá de forma natural y además es una cuestión demográfica, sino que en este momento tenemos un problema que se va a superponer al otro porque no hay suficientes perfiles que estén disponibles para ocupar. El problema está ya. Hablo con las empresas y cada día me hacen ver este problema.

Pregunta. ¿Esto se debe a que no estamos comunicando bien la Ingeniería?

Respuesta. Sin ninguna duda. Uno de los problemas es la comunicación. Del diagnóstico que tenemos en el proyecto “Mujer e Ingeniería”, en el que llevamos trabajando seis años, hemos ido incorporando algunos factores nuevos a medida que hemos ido conociendo el problema. No solamente es que no comunicamos bien, es que no sabemos lo que hacemos los Ingenieros. Además, hay una cantidad enorme de estereotipos alrededor de la Ingeniería que no son precisamente amigables, sobre todo para las mujeres. Para los varones también, pero sobre todo para las mujeres. A esto hay que unirle, además, la formación que tienen nuestros estudiantes cuando están en Primaria e incluso en Educación Infantil: no tienen ninguna educación STEM. Los profesores, que son generalmente profesoras que les dan clase entre los tres y los nueve años, no les dan formación STEM y, por tanto, es muy difícil hacer una Ingeniería si un niño o una niña no ve esas cuestiones de forma amigable desde que es muy pequeño.

Por lo tanto, lo que hemos detectado es que, sobre todo las niñas, no saben lo que quieren hacer pero sí saben lo que no quieren hacer. Y lo que no quieren hacer es todo lo que tiene que ver con las STEM. 

En definitiva, hay varios factores y, uno de ellos es, sin duda, la comunicación: la gente no sabe lo que hacemos los Ingenieros porque no se lo explica nadie. Es problema nuestro de comunicación. 

Pregunta. Durante la pandemia, han estado funcionando los suministros básicos para dar respuesta a las necesidades sociales más importantes. ¿Cree que hemos perdido una oportunidad para hacernos valer?

Respuesta. No tengo ninguna duda. La pandemia ha sido un momento ideal para poner en valor cómo las infraestructuras han salvado vidas. No estamos diciendo que nos hacen la vida más cómoda, es que, en el caso de la pandemia, han salvado vidas, es jugar otra liga. Es más, recuerdo cuando hicieron el hospital en IFEMA (Madrid). Mi hija mayor es médico y me parece que es una profesión maravillosa, pero es verdad que se habló solo de la parte sanitaria. Ese hospital, en IFEMA, solo fue posible porque hubo Ingenieros detrás que lo pusieron a funcionar. Y de eso se habló poco o nada. Esto es un ejemplo clarísimo de que, efectivamente, somos los invisibles. Parece que somos entes que no existimos, no somos tangibles. Somos una cuestión de magia, que alguien hace un chasquido de dedos y están puestos todos los suministros de oxígeno en el IFEMA. 

Hemos perdido una oportunidad enorme y eso, seguramente, es culpa nuestra, absolutamente. No sé si es solo nuestra, pero nuestra sí. 

Pregunta. Con este contexto, ¿qué papel tenemos los Colegios Profesionales y en qué puntos hemos de basar nuestra estrategia de actuación?

Respuesta. Quien me ha escuchado algunas veces, me lo habrá oído decir hace mucho tiempo y es que los Colegios Profesionales deberían tener un papel absolutamente crucial en esa interfaz entre la profesión y la sociedad. Se debería hacer grandes asociaciones de Ingeniería como sucede en Estados Unidos. Aquí tenemos reinos de Taifas y, además, con intereses ni siquiera coincidentes. Hemos de empezar a navegar juntos todos los Colegios Profesionales, de verdad que lo creo. Creo que es la única manera de que avancemos y que no avancemos separados. Sería fundamental cambiar la organización de los Colegios Profesionales. 

Los Colegios Profesionales deben poner en valor la profesión en la sociedad. En este caso, la de ITOP. ¿Cómo se hace? Invirtiendo mucho en comunicación y en divulgación, pero no solamente cuando hablo de sociedad…

El Presidente de la Academia me hace mucha gracia cuando dice “desde que los niños y las niñas son larvas”. Hay que empezar a hablarles de que se familiaricen con que todo o en muchas cosas que los rodean hay un Ingeniero o Ingeniera detrás que lo está llevando a cabo. Debe haber una inversión de los Colegios Profesionales, probablemente en colaboración con otras instituciones. Pueden hacer una labor divulgativa impresionante de la profesión. No hay nada más bonito que la profesión de Ingeniero. 

“Mujer e Ingeniería”

Pregunta. ¿Cómo surge el proyecto “Mujer e Ingeniería y por qué es importante contar con una entidad fuerte de respaldo como es la Real Academia de la Ingeniería?

Respuesta. Surge en 2016. Dejo de ser Vicerrectora de la Universidad Politécnica de Madrid y, en los últimos años como Vicerrectora de la Politécnica, había estado llevando a cabo un proyecto para fomentar las vocaciones en la Ingeniería (sin distinción de género), porque la Politécnica perdía estudiantes. No solo la Politécnica de Madrid, sino todas.

Cuando dejo el Vicerrectorado, en aquel momento el Presidente de la Academia Elías Fereres, que ya me conocía porque yo había sido previamente Gerente de la Real Academia de la Ingeniería en los años 2000, me llama y me comenta: “Oye, estoy dándole vueltas a ver cómo puede posicionarse la Academia de Ingeniería de España para fomentar las vocaciones y, especialmente, en las mujeres”.

Esto ocurre ante las cifras que presentábamos las universidades. Hicimos una alianza las cuatro politécnicas de España: la de Valencia, la de Cartagena, la de Barcelona y la de Madrid y, en esa alianza, que se llamaba UP4, teníamos los datos muy frescos de cómo estaba evolucionando el número de chicos y chicas que hacían carreras de Ingeniería.

Partiendo de esos datos desoladores, la Academia de la Ingeniería creyó que tenía que posicionarse y abanderar un proyecto de este tipo, con la ventaja de que tenía ámbito nacional y de que no había ningún interés más que el puramente social. De ahí surgió la idea. Él me lo planteó y me dice “vamos a ponernos a trabajar en ello”. Ahí empezamos a diseñar el proyecto. Primero hicimos un diagnóstico de las causas, al principio no muy certero, la verdad. Y, a medida que hemos ido creciendo, tenemos un diagnóstico más concreto y hemos ido diseñando el tratamiento, por ponerlo en términos médicos. 

Pregunta. ¿Cuáles eran las causas primeras que no eran acertadas?

Respuesta. Las causas primeras que no eran acertadas es que, por ejemplo, en el caso de las mujeres, concretamente, necesitamos hacer cosas que tengan un propósito y, además, que tengan un propósito social, por eso la medicina es tan complementaria de la Ingeniería, porque las mujeres vamos a esas profesiones sanitarias porque creemos que yendo hacia esas profesiones o ejerciéndolas, ayudamos al otro. Eso es así. No sé si lo llevamos en el cromosoma. Creíamos que las mujeres no tenían claro, al menos en un primer momento, cuál era la vertiente social de la Ingeniería: la Ingeniería salva vidas. En el caso de la Ingeniería Civil, la cadena de frío ha salvado más vidas que la propia medicina. Esto es lógico: las potabilizaciones de agua, hay ejemplos miles alrededor de esto. Eso, los niños y las niñas no lo saben, sobre todo las niñas y, por tanto, dicen “a mí me parece que esto es una cosa de cuatro locos que no le veo el propósito” y por eso no lo hacen. 

Esa fue la primera causa, pero luego a medida que hemos ido madurando en el proyecto hay más: los esterotipos. En el caso de los varones, ven que el esfuerzo que supone hacer una Ingeniería no se ve recompensado con los salarios que tenemos los Ingenieros, que nos pagan mal. El otro día, la Secretaria de Estado de Defensa (Amparo Valcarce) lo dijo: “el problema de que haya tan pocos es que con las cosas que hacen los Ingenieros, con la formación que tienen y con el esfuerzo que eso supone, realmente habría que pagarles mucho más de lo que ganan”. No les compensa.

También tiene que ver la formación de quienes los forman cuando son pequeños. Los maestros (que son generalmente maestras) de los peques deben dar una formación más orientada a las Matemáticas y a la Física y, además, explicarles esto de forma amigable y que no genere anticuerpos, que los generan desde pequeños.

De hecho, una de las iniciativas que tenemos ahora mismo dentro de “Mujer e Ingeniería”, es un máster interuniversitario de la Universidad Complutense de Madrid y de la Universidad Politécnica, también de Madrid, para profesores de Infantil en STEM, con el fin de otorgarles esos conocimientos y que los puedan compartir con sus estudiantes cuando son todavía muy pequeños. Estamos trabajando en ello, lo tenemos bastante maduro. 

Causas son todas estas. Luego, además, hay otra cosa que hemos detectado también y es que los padres desaniman a las niñas (sobre todo) a hacer ese tipo de carreras porque les parece que son muy masculinas, muy hostiles por ese sentimiento de que la Ingeniería es cosa de hombres. 

Tú preguntas a un niño cómo se imagina a un Ingeniero y te contesta que es un varón blanco. Tenemos un estereotipo muy pernicioso. Esto nos pasa desde que tenemos cinco años. O empezamos a normalizar la presencia de estas profesiones o seguiremos teniendo un problema.

Pregunta. A lo largo de estos seis años que acabáis de cumplir en “Mujer e Ingeniería”, ¿cuáles son los hitos que habéis conseguido?

Respuesta. Si yo tuviera que destacar tres cosas, la primera de ella es lo que hemos trabajado con las universitarias Ingenieras que están a punto de salir de las Escuelas y ponerse a trabajar. Ahí diseñamos un programa de “Mentoring de Excelencia”, que está teniendo un éxito enorme y que las está ayudando una barbaridad.

Está generando una red de mujeres entre las mentoras y mentores que son más sénior y las recién salidas de las Escuelas de la Ingeniería de un impresionante valor porque se ayudan entre ellas. Éste es un programa con alma, nos creemos que nos tenemos que ayudar unas a otras a recorrer este camino, que no es fácil, y empoderarnos. Este es el primer hito: trabajar con estas universitarias y generar esta red.

El segundo son los programas que hacemos con los colegios y con los institutos, donde a través de un formato de concurso, les enseñamos a hacer Ingeniería con propósito social. Les planteamos retos y, en todos ellos, puedes ayudar a mejorar el mundo a través de la Ingeniería. Ese ha sido otro programa con un éxito rotundo también, hemos tenido más de 2.000 niños compitiendo con nosotros y algunos de ellos, que estuvieron al principio con nosotros, ya están matriculados en Escuelas de Ingeniería.

El tercer punto es que hemos decidido, como Real Academia de Ingeniería, abanderar o liderar un consorcio entre dos universidades de la Comunidad de Madrid para hacer un máster para profesores de infantil en materia STEM. 

Preguntas. A medio plazo, ¿qué objetivos os habéis puesto y qué herramientas habéis pensado para conseguirlos?

Respuesta. A medio plazo, el objetivo que nos hemos propuesto es que deje de tener sentido el proyecto “Mujer e Ingeniería”. Siempre digo que el éxito del proyecto será cuando no haga falta. Seguiremos recorriendo este camino y, además, convenciendo cada vez más a las Administraciones, moviendo un poco las conciencias de los organismos públicos y de las empresas para que nos ayuden a normalizar entre nuestros jóvenes esta preciosa profesión que es la Ingeniería. El mundo necesita Ingenieros o si no, no va a progresar. Esto es algo que nadie discute. 

Quiero convencer a todo el mundo, desde el Presidente del Gobierno hasta mi madre, de que esto es necesario. Es necesario inculcar ese amor por la profesión de Ingeniería a nuestros niños desde que son jóvenes y luego acompañar un poco más a las mujeres. Todavía necesitamos muchísimo refuerzo en esta profesión porque aún seguimos estando un poquito solas. 

Pregunta. ¿Hablaremos de brecha de género dentro de 10 años?

Respuesta. El término “brecha de género” para mí es un término muy amplio, que puede incluir muchísimas cosas. Si hablamos de brecha de género a nivel salarial, probablemente estaremos muy por encima de lo que estamos ahora porque realmente nos hemos concienciado, hombres y mujeres, de que tenemos que llegar a una igualdad efectiva. A nivel de la elección de profesiones, yo creo que sí. Me preguntan ¿cuándo puede morir “Mujer e Ingeniería?”, pues estoy hablando de por ahí.

Sí, en 10 años estamos ya en lo que yo llamaría el “régimen estacionario”. Yo no quiero que todo el mundo sea Ingeniero, lo que yo quiero es que por lo menos, no lo descarten, con eso ya me conformo. Que sepan que lo pueden ser. 

En diez años ¿seguiremos hablando de brecha de género? Es que unas cosas van unidas a las otras. Si el mayor número de ofertas de empleo están en las carreras STEM y las mujeres no estamos haciendo STEM, la brecha de género nos las estamos generando nosotras solas. Uno es consecuencia de lo otro. Si no conseguimos revertir esta situación, seguiremos hablando de brecha de género en 10 años.

Pregunta. ¿Este activismo feminista en la Ingeniería dará cabida a recuperar figuras de antiguas compañeras perdidas en la historia?

Respuesta. Desde los libros de texto hasta los programas divulgativos recogen caras de hombre, sobre todo en la Ingeniería. Por eso, cuando hablo de normalizar la presencia femenina, me refiero también a esto. Lo que tú estás haciendo ahora, hubo una señora en el siglo XIX que ya lo hacía y que se peleó hasta con su sombra. Es de justicia poner el foco en estas grandes desconocidas, estas personas que parecen entes que nunca existieron. Es importante, también, porque tenemos una tradición previa, no somos bichos raros. A veces, uno se siente un bicho raro haciendo determinadas cosas. 

Los Colegios Profesionales tendríais mucho que decir también, fomentar ese tipo de acciones y de no perder nuestra historia porque “quién no conoce su historia, está condenado a repetirla”. Yo creo que eso sí sería importante recuperarlo, pero sobre todo por justicia y por tradición, por ver que es una cosa normal desde hace mucho tiempo, que no somos seres especiales. 

A fondo

Sara Gómez Martín presenta un amplio currículum en la Ingeniería. Actual Directora General del proyecto “Mujer e Ingeniería” de la Real Academia de Ingeniería de España, Gómez cuenta con una dilatada trayectoria en puestos destacados del sector.

Doctora en Ingeniería por la Universidad Politécnica de Madrid en la rama de conocimiento de Mecánica de Medios Continuos y Teoría de Estructuras, entre los cargos de primer orden que ha ostentado, destacan el de Directora de la actual ETS de Ingeniería y Diseño Industrial de la UPM y Vicerrectora de la Universidad Politécnica de Madrid, Directora General de Universidades y Enseñanzas Artísticas Superiores de la Comunidad de Madrid y Consejera y Directora General de la Real Academia de Ingeniería de España. 

Con una larga lista de premios y distinciones, Sara Gómez sigue muy ligada a la profesión no solo a través del proyecto “Mujer e Ingeniería”, que preside desde 2016, sino también a través de la dirección del Grupo de Investigación, Diseño y Tecnología Industrial y de su faceta como docente, también de la UPM. 

Accede al artículo completo en el número 422 de Cimbra, disponible online aquí.