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La Ingeniería Civil en el urbanismo: inclusión de las personas mayores

Viernes, 10 Febrero, 2023

El edadismo, según la Organización Mundial de la Salud, se define como “la forma de pensar (estereotipos), sentir (prejuicios) y actuar (discriminación) con respecto a los demás o a nosotros mismos por razón de la edad”. 

Visto como un concepto negativo, dado que aplica pensamientos predeterminados a un grupo de población, lo cierto es que la edad (el mal llamado edadismo) se ha convertido en un elemento fundamental a la hora de reconfigurar las grandes ciudades.

El urbanismo, área fundamental en el desempeño de la Ingeniería Civil, ha cambiado su estrategia a lo largo de las décadas. Si hace años, la prioridad era albergar y controlar la mayor cantidad de tráfico rodado posible, dando respuesta a la necesidad social de dicho momento, ahora los tiempos han cambiado.

Con una estrategia clara hacia la dignificación de la vida de sus habitantes en la ciudad, el urbanismo se centra, actualmente, en otorgar mayor espacio a las personas, independientemente de su situación económica y social, de su tipo de trabajo y de su ocio. También en relación con la edad, ámbito que presenta unos datos alarmantes. 

“La población de la UE está envejeciendo y esto se puede ver a través de diferentes indicadores estadísticos como la evolución de la proporción de la población mayor, la tasa de dependencia de la tercera edad y la edad media, por poner algunos ejemplos. En primer lugar, la evolución de la proporción de personas mayores en la población: en 2020, el 21% de la población tenía 65 años o más, frente al 16 % en 2001, lo que supone un aumento de 5 puntos porcentuales (p.p.). Si nos fijamos más concretamente en el grupo de 80 años o más, su cuota era de casi el 6% en 2020, mientras que en 2001 era del 3,4%, lo que significa que se ha prácticamente duplicado durante este periodo. Por otro lado, la proporción de jóvenes (de 0 a 19 años) en la UE era del 20 % en 2020, lo que supone un descenso de 3 puntos porcentuales respecto al 23% de 2001 (Instituto Nacional de Estadística)”. 

España se encuentra entre los países que, de aquí a unas décadas, sufrirá una situación comprometida en lo social y en lo económico (pensiones) con el cada vez más desproporcionado incremento de personas mayores. El aumento de la esperanza de vida junto al descenso de nacimientos dará como resultado una nueva sociedad que requerirá (ya lo hace) una nueva reconfiguración de las ciudades.

La adaptación a las personas mayores es fundamental para dar espacio a una población cada vez más extensa, que necesita una ampliación de servicios de salud y de bienestar, así como espacios verdes y accesibles desde cualquier tipo de capacidad de movilidad.

El Centro Internacional sobre el Envejecimiento avanza algunos de los elementos con los que ha de contar una ciudad amigable con las personas mayores. En primer lugar, pavimentos más anchos y lisos, para evitar tropiezos, así como señalización LCD en movimiento. En cuanto al desplazamiento de éstos, a pesar de que los jubilados cuentan con beneficios en el precio del transporte en toda Europa, destaca su poco uso por problemas en la movilidad. Aparecen en juego, entonces, los vehículos autónomos, todavía en desarrollo y que, desgraciadamente, conllevarán un gran desembolso para sus usuarios. 

Cuideo, empresa de atención a los mayores, establece, por su parte, unos fundamentos básicos para el desarrollo de urbes más amables: “Es muy importante que una ciudad o pueblo tenga aceras en buen estado para facilitar el andar, así como baños públicos limpios y accesibles, bancos en la calle, una buena red de transporte público y no tener mucha contaminación acústica, entre otros. De esta manera, se fomentan las actividades al aire libre, las cuales son muy beneficiosas para la salud”. A ello se le une el transporte público, ya comentado anteriormente, que ha de presentar accesos que permitan usuarios de poca movilidad, así como información clara y directa, que no pase, en la medida de lo posible, por el uso de las nuevas tecnologías.

Y esto es un punto más en las nuevas ciudades. Con cada vez mayor presencia de nuevas herramientas, ¿cómo podemos incluir en esta dinámica a personas de avanzada edad que desconocen los nuevos sistemas?

En “Ciudades Globales Amigables con los Mayores: Una Guía” de la Organización Mundial de la Salud, se establecen estos fundamentos primeramente introducidos, de manera más detallada y en base a tres grandes ámbitos: espacios al aire libre y edificios, transporte y vivienda.

Espacios al aire libre y edificios

Este apartado incluye una serie de principios básicos, establecidos en base a una consulta mundial sobre las necesidades de las personas mayores en las ciudades:

  • Entorno agradable y limpio.
  • Importancia de espacios verdes.
  • Un lugar para descansar (bancos, especialmente).
  • Aceras amigables, con las siguientes características: “superficie lisa, nivelada, anti-deslizante, ancho suficiente para sillas de ruedas, cordones en declive nivelados con la calle, libres de obstrucciones como vendedores callejeros, autos estacionados y árboles y prioridad de acceso para peatones”. 
  • Cruces peatonales seguros.
  • Accesibilidad. 
  • Entornos seguros.
  • Caminos y bicisendas.
  • Baños públicos en entornos de ocio y de servicios en buenas condiciones, accesibles y limpios. 

En relación a los edificios, también incluidos en este apartado, se establecen las siguientes características:

  • Ascensores. 
  • Escaleras mecánicas.
  • Rampas.
  • Pasillos y entradas anchas.
  • Escaleras adecuadas con barnadillas.
  • Pisos anti-deslizantes.
  • Zonas de descanso con asientos cómodos.
  • Señalización adecuada.
  • Baños públicos con acceso para discapacitados.
  • Ubicación de comercios y de servicios básicos cerca de las zonas residenciales con alta densidad de personas mayores. 

Transporte

“El transporte, incluyendo transporte público accesible en términos físicos y económicos, constituye un factor clave para el envejecimiento activo. Este tema está relacionado con muchas de las otras áreas de discusión. En particular, la habilidad de trasladarse por la ciudad determina la participación social y cívica y el acceso a servicios comunitarios y de salud”. 

Así, en este punto, encontramos los siguientes elementos fundamentales para una mayor adaptabilidad del transporte a las personas de más edad:

  • Disponibilidad (independientemente de la zona en la que se habita).
  • Accesibilidad en cuanto a coste. 
  • Confiabilidad y frecuencia.
  • Destinos de viaje (comodidad de las rutas para llegar a destino).
  • Vehículos amigables con los mayores (subida y bajada).
  • Servicios especializados para personas mayores.
  • Asientos preferenciales.
  • Seguridad y comodidad.
  • Estaciones y paradas accesibles.
  • Estacionamiento preferencial para mayores.

Vivienda

“La vivienda es esencial para la seguridad y el bienestar. No resulta sorprendente que las personas consultadas por la OMS en todas las regiones hicieran muchos comentarios relacionados a los distintos aspectos del diseño, la ubicación y elección de la vivienda. Existe una relación entre la vivienda adecuada y el acceso a los servicios comunitarios y sociales que influye sobre la independencia y la calidad de vida de las personas mayores”. 

Al igual que en los puntos anteriores, se establece un mínimo de atención para la adaptación de la vivienda a los mayores, encuadrado en este listado:

  • Accesibilidad en cuanto a precio.
  • Servicios esenciales (agua, gas, luz, etc.).
  • Diseño (con superficies lisas y materiales sólidos).
  • Modificaciones y mantenimiento.
  • Acceso a servicios de atención en casa y en el entorno más próximo.

Todas estas adaptaciones son significativas para modificar las ciudades para la población venidera, la cual presentará una mayor edad media de la actual y necesitará una urbe amable. Afortunadamente, esta tendencia se encuentra dentro de la estrategia del urbanismo de convertir al peatón en protagonista y en conseguir las tan populares ciudades de 15 minutos, con estructura fractal (en muchos de esos casos). Una nueva estructura, donde los servicios básicos son universales y cercanos y donde el transporte público es el elemento de apoyo para la movilidad, dejando de lado el vehículo privado.