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Historia y Evolución del Puerto de Santa Cruz de Tenerife (I)

Miércoles, 05 Abril, 2023

En el número 422 de Cimbra, la revista de Ingeniería Civil del Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas, hablábamos de la evolución de las infraestructuras en Puerto de Santa Cruz, en la isla de Tenerife (Canarias). Una breve historia, de la que os dejamos la primera parte, que se contará a lo largo de los próximos números de la publicación y que nos dejará conocer la parte menos popularizada de la isla.  

Orígenes

El origen histórico del Puerto de Santa Cruz se encuentra en una pequeña torre construida por don Diego García de Herrera, marido de doña Inés de Peraza, señora de las Islas Canarias, en el año 1464, antes de la conquista de Tenerife.

Torre ubicada en la desembocadura del Barranco de Tahodio, en donde más tarde se levantó el Castillo de San Miguel y, en donde hoy en día, se encuentran las instalaciones del Club Náutico de Santa Cruz de Tenerife.

Esta torre, de una sola planta y de construcción pobre, fábrica de piedra seca y madera, se utilizó como almacén y refugio de la pequeña guarnición de que se dispuso. Su emplazamiento atendía a su cercanía a la mejor zona de fondeo de esta costa, por su fondo arenoso y su abrigo natural a los vientos predominantes del noreste (los alisios), y a un curso de agua dulce, el del propio Barranco de Tahodio.

Su construcción vino dada por un pacto entre don Diego y doña Inés con Serdeto, Mencey de Anaga (Rey de esta parte de la Isla de Tenerife), al objeto de exportar madera para las islas de Lanzarote y de Fuerteventura, a cambio de proteger contra ataques, venidos por el mar, a la población guanche de este menceyato. Por ello, esta torre fue conocida como “Torre de las Paces del Bufadero”.

Al no cumplir los castellanos las condiciones impuestas en el pacto, Serdeto, con un gran número de guanches, cercaron y destruyeron la torre, muriendo gran parte de la guarnición y embarcándose el resto. Según la leyenda, solo quedó en pie la Cruz, que dará nombre a esta ciudad, en esta costa conocida como de Añazo, hasta mediados del siglo XVI.

Conquista de Tenerife y Fundación de Santa Cruz

En 1477, el matrimonio de don Diego de Herrera y doña Inés de Peraza cede los derechos de conquista de las Islas de Gran Canaria, La Palma y Tenerife a los Reyes Católicos, pasando la Corona de Castilla a financiar estas campañas.

Terminada la conquista de Gran Canaria y La Palma, restablecidas las relaciones con el Mencey de Anaga y finalizada la erupción de Boca Cangrejo, en el noroeste de Tenerife, el Adelantado don Alonso de Lugo, en 1494, organiza una flota de desembarco, zarpando de Agaete, en la isla de Gran Canaria, con destino la costa de Añazo.

En opinión de quien suscribe, el desembarco se realizó por el Bufadero, al norte del barranco de Tahodio, embarrancando las naves en la playa, permitiendo la descarga rápida de la tropa, de caballos y de pertrechos. Se desestimó la ubicación original de la Torre de las Paces, para levantar el campamento, por ser pequeño el caudal del riachuelo del Barranco de Tahodio y no disponer de la superficie necesaria. Se optó por una posición más al sur, en la desembocadura del Barranco de Araguido, hoy de Santos, con un curso mucho mayor de agua, esencial para mantener y dar soporte al Real. 

Muchos autores indican que este desembarco fue por las playitas de las desembocaduras de los barranquillos (Carnicería y Aceite), que originalmente existían entre la actual Plaza de España y el Barranco de Santos. Este planteamiento no convence al autor de este artículo por los siguientes motivos:

  • Costa original muy difícil, pedregosa, con pequeños acantilados y rasa intermareal, que no es adecuada y no permite una operación de desembarco de esta envergadura.
  • Costa expuesta a los vientos y oleajes predominantes del noreste, fuera del abrigo del macizo de Anaga.

Indistintamente de esta discusión, el tres de mayo de dicho año, festividad de la Invención de la Cruz, el Adelantado toma posesión de la isla de Tenerife en nombre de los Reyes Católicos, fundándose el lugar o sitio de Santa Cruz, entre la línea de costa original y la actual Iglesia Matriz de La Concepción.

Santa Cruz Puerto Real

Finalizada la conquista de Tenerife y desde el primer momento en que se constituyó el Cabildo, máxima administración insular, éste prestó una especial atención al puerto de Añazo, en referencia a las playas o caletas por donde se entraba o salía de la isla en esta costa.

Entre las primeras decisiones (o discusiones) fue la de establecer el lugar idóneo para establecer el puerto en el nuevo núcleo, surgido en la ribera izquierda del Barranco de Santos, ya que el fondeadero de Tahodio y el Bufadero, el mejor de esta costa, se encontraba al norte y a cierta distancia. Las alternativas eran:

  • Al sur, también alejado, estaba Puerto Caballos, hoy conocido como Muelle de la Hondura, que da servicio a la Refinería CEPSA de Santa Cruz de Tenerife.
  • Playa de la Carnicería, en el centro mismo del núcleo poblacional.
  • Y en el límite norte del núcleo, la Caleta de Blas Díaz, en donde hoy está edificado el Palacio del Cabildo Insular de Tenerife y la calle de Bravo Murillo.

Este deseo, de tener una única puerta, al objeto de poseer un control fiscal de la actividad portuaria, solo se logrará a mediados del siglo XVII, cuando se construye “La Muralla”, aspecto éste que se dejará para un próximo artículo. La realidad es que las operaciones de embarque y de desembarque en esta costa se hacían por donde se podía, es decir, por donde dejaba el viento y el oleaje, utilizándose cualquier playa o caleta de esta costa para meter o sacar las barcas o botes, para llevar o traer las mercancías o personas a los navíos fondeados en la bahía, lo que permitió el contrabando.

En 1505, el Cabildo crea el cargo y nombra guarda del puerto, teniendo las funciones de vigilar el embarque y el desembarque, realizar visitas de salud a los barcos para evitar la introducción de enfermedades, vigilar navíos enemigos de la corona y ponerse a disposición del regidor de la Isla, el cual residía en San Cristóbal de la Laguna, primera capital de la Isla de Tenerife.

Atendiendo al aumento del tráfico con el nuevo continente americano, la Corona designó a la Isla de Tenerife como Puerto Real en 1506, lo que obligaba a las flotas colonizadoras a arribar en Santa Cruz para avituallarse y para sustentar la economía insular.

Estos tráficos empezaron a despertar la codicia de coronas enemigas y piratas, lo que obligó al Cabildo a plantear la defensa de esta costa, con la construcción del primer baluarte en 1513. 

Escala de Magallanes en Santa Cruz 

El 26 de septiembre de 1519, arribaron a la bahía de Santa Cruz cinco navíos de la Corona Española, con 239 tripulantes, capitaneados por Fernando de Magallanes. Estuvieron fondeados cuatro días, tiempo en el que fueron avituallados.

Santa Cruz, con 25 años desde su fundación, apenas contaba con una población de doscientos habitantes, la mayoría pescadores, artesanos y pequeños comerciantes.

El 29 de septiembre, la expedición partió hacia Montaña Roja, al sur de la Isla, donde se dedicaron a calafatear las naves con la brea-pez- llevada desde los hornos de resina del Duque de Medina Sidonia poseía en estas tierras del sur de Tenerife. 

La medianoche del dos de octubre, cuando los alisios comenzaron a soplar, los cinco barcos tomaron rumbo sudoeste y luego sur, rumbo a América en su periplo alrededor del mundo.

Meridiano de Santa Cruz

El meridiano de Tordecillas, fijado en 1494 para establecer los repartos entre la Monarquía Hispánica y el Reino de Portugal, situado a 370 leguas al oeste de las Islas de Cabo Verde, tenía un error de ocho grados, que obligaba a disponer de un lugar de coordenadas conocidas para comenzar a fijar la medición de las longitudes.

El lugar elegido por los marinos, bajo el amparo de la Casa de Contratación de Sevilla, fue el Puerto Real de Santa Cruz, siendo el lugar origen de las longitudes de la expedición de Magallanes.

Castillo de San Cristóbal 

El baluarte construido en 1513, denominado “El Cubilete Viejo”, apenas cumplía con sus expectativas. Se trataba de una construcción totalmente anticuada con respecto al estado del arte, en cuanto a la artillería y a la fortificación del momento, permitiendo que piratas se llevaran los navíos fondeados en 1514.

Desde este instante, el Cabildo no paró en su intento de reunir los fondos necesarios para levantar un nuevo castillo, capaz de repeler un ataque desde el mar. Después de varios intentos de recabar fondos, así como solicitudes al Gobierno Real, en 1554 se comenzó con la obra, después de haber recibido 12 piezas de artillería, las cuales, al no disponer de plaza, se tuvieron que guardar en un depósito de cañones. La obra sufrió contantes retrasos y modificaciones, que no permitían vislumbrar un final.

Finalmente, el Castillo se terminó en 1577 y medía 53 por 50 metros. Su frente marítimo, montado sobre rocas salientes, era batido por la mar hasta su mitad, mientras que el lado que daba a tierra poseía dos murallas 8,3 metros de alto.

Hoy en día desaparecido, la silueta del Castillo de San Cristóbal puede apreciarse en la fuente de plaza de España y sus cimientos son visitables.

Garachico, el puerto principal de la isla

Un aspecto fundamental para comprender el desarrollo del Puerto de Santa Cruz en este siglo es la existencia de otro, ubicado en el norte de la isla: el Puerto de Garachico.

Este puerto, disponía de una rada natural, que permitía que los barcos fondeasen muy cerca de los muelles, con cierto abrigo. Además, desde este enclave se exportaba el azúcar que se cultivaba en los ingenios de esta zona baja de la isla, tanto para Europa como para América, generando grandes ingresos. Esto permitió que se instalaran un gran número de artesanos y comerciantes, propiciando la fabricación y la exportación de manufacturas.

Viendo el poder que adquiría Garachico, se desarrollaron varias discusiones en el seno del Cabildo de cara a que el puerto de Santa Cruz monopolizara el comercio con el exterior y, en especial, con América. Al final, se determinó en 1579 que el comercio con las Indias se haría de forma alternativa entre ambos puertos: Santa Cruz, en invierno, y Garachico, en verano. 

Esta situación de infraestructura portuaria hegemónica de Tenerife, comenzará a tornarse a partir de mediados del siglo XVII por un cambio en el sector productivo canario, pasando del azúcar a los vinos malvasía.

Obras en el Puerto de Santa Cruz durante el siglo XVI

Además de las relacionadas con el Castillo de San Cristóbal, las cuales dan para un artículo por sí solo, durante este siglo se acometieron diferentes obras, fundamentalmente relacionadas con la mejora del embarque y del desembarque de las barcas y de los botes en la zona conocida como la Caleta o Caleta de Blas Díaz, consistente en la ejecución de muellitos tanto de cantería como de madera, que de forma frecuente necesitaban de ser reparados o remplazados por los continuos embates de mar.

También se preparó una explanada, al noroeste de esta caleta, de cara a almacenar las mercancías. A mediado del siglo XVII, esta explanada pasa a ser una batería de artillería.

Actividades en el puerto de Santa Cruz en el siglo XVI

La actividad fundamental que se desarrolló durante este siglo en el Puerto de Santa Cruz fue la Pesca, sustento de la población de este caserío, llevando y vendiendo el pescado en San Cristóbal de La Laguna.

La segunda actividad era la comercial. Por este puerto entraron todas las manufacturas que necesitaba la población lagunera y por donde salían fundamentalmente el trigo y el azúcar de los ingenios de Güimar.

Otra actividad, en mucho menor medida y como se ha desprendido de la lectura de este artículo, era el avituallamiento a navíos, suministrando agua y víveres.

Por último, la construcción de barcos, la reparación de velas y artes de pescas, fueron actividades que se desarrollaron por todo el litoral santacrucero en este siglo. 

Autor. Carlos Quintana González de Chaves. Ingeniero Técnico de Obras Públicas e Ingeniero Civil. Profesor Asociado de la Universidad de la Laguna, Área Ingeniería e Infraestructura del Transporte. Miembro de la Asociación Tertulia Amigos del 25 de Julio. Miembro de la Fundación Correíllo La Palma.

Puedes acceder al número 422 completo de Cimbra y en versión online en este link.