La huella invisible, una reivindicación de la IngenierÃa Civil y sus pioneras en España
Viernes, 06 Marzo, 2026A veces las historias de las y los Ingenieros Civiles se pretende contar con números, planos y memorias técnicas y hay otras que simplemente se deslizan silenciosas bajo el hormigón, el acero y la tierra removida. Cuanto mejor funciona una infraestructura, menos pensamos en ella. No nos detenemos al cruzar un puente para imaginar la resistencia de sus vigas, ni al abrir el grifo para reconstruir mentalmente la red que lo alimenta, ni al tomar una autovÃa para agradecer el cálculo paciente que hizo posible cada curva y cada peralte.
Solo nos llaman cuando algo falla. Un socavón en la calzada, una filtración inesperada, un puente que vibra más de lo debido: ahà aparece el ingeniero, no para recibir aplausos, sino para resolver con la máxima urgencia aquello que lleva años funcionando en silencio. La mayor victoria de la ingenierÃa es, paradójicamente, que su presencia se diluya en la normalidad del dÃa a dÃa.
Esa desaparición tiene un precio: la IngenierÃa Civil rara vez protagoniza el relato público. La Arquitectura ocupa las portadas por su estética; la polÃtica, por su capacidad de apropiarse del cambio histórico. La IngenierÃa, en cambio, permanece en un segundo plano, sosteniendo el decorado, sin reclamar foco. Durante mucho tiempo, además, ese escenario tuvo un acceso restringido. En la España de mediados del siglo XX, la Obra Pública era algo más que carreteras, presas o puertos: era un territorio simbólico donde se afirmaba, una y otra vez, que el cálculo, la dirección de obra y la responsabilidad técnica eran asunto de hombres.
Sin embargo, toda estructura, por sólida que parezca, termina mostrando fisuras. En nuestra historia, la primera grieta la abrió Consuelo Carré Campo, una joven que en 1941 —en un paÃs exhausto tras la Guerra Civil— se convirtió en la primera mujer titulada como Ayudante de Obras Públicas en la Escuela de Ayudantes de Obras Públicas de Madrid. Para matricularse en 1939, necesitó permisos especiales; para ejercer, demostró dÃa a dÃa que su cálculo era tan fiable como el de cualquier colega. Terminó trabajando en la Dirección General de Obras Hidráulicas, allanando un camino que apenas existÃa.
Dieciséis años después de la estela de Consuelo, emergió la figura de Araceli Sánchez Urquijo. En 1957, se convirtió en la primera mujer en ejercer como Ingeniera Civil en España, rompiendo el techo de una de las disciplinas más exigentes del paÃs. Su pericia, sin embargo, se habÃa fraguado lejos de casa: titulada como Ingeniera Civil de Obras Hidráulicas por el Instituto Energético de Moscú en 1949, Araceli lideró la construcción de centrales hidroeléctricas y complejas lÃneas de alta tensión entre las estepas y montañas de Uzbekistán. A su regreso a España y con esa vasta experiencia internacional bajo el brazo, Araceli demostró que una mujer no solo era capaz de trazar documentos técnicos, sino de liderar decisiones estratégicas, aunque tuviera que firmar siempre sus trabajos como “Ingeniero Sánchezâ€.
Carré Campo y Sánchez Urquijo, separadas por contextos y titulaciones, representan dos capÃtulos de una misma lucha silenciosa. No son nombres que llenen manuales ni auditorios, pero sus trayectorias prueban que la pericia técnica no entiende de género, aunque la sociedad —y durante décadas, también la profesión— se empeñase en lo contrario. Sus carreras se integraron con tanta naturalidad en el engranaje de la modernización española que, una vez en marcha las infraestructuras que ayudaron a construir, sus nombres quedaron ocultos tras la vida cotidiana que esas obras hicieron posible.
Hay una ironÃa profunda en esta historia: quienes se dedicaron a construir caminos, puentes y canales para que el paÃs avanzara, tuvieron que recorrer ellas mismas un terreno lleno de obstáculos invisibles. Consuelo Carré Campo necesitó permiso incluso para sentarse en un aula; Araceli Sánchez Urquijo tuvo que demostrar, proyecto tras proyecto, que su cálculo era tan fiable como el de cualquier colega masculino. Asà como una cimentación soporta cargas que nadie ve, su trabajo sostuvo el peso de prejuicios y resistencias que nunca quedarán registrados en ninguna memoria técnica.
Reivindicar hoy a pioneras como Consuelo y Araceli es un ejercicio de honestidad profesional. Porque la IngenierÃa Civil no son solo materiales, normativas, presupuestos y plazos: es una forma de mirar el mundo. Es decidir dónde será seguro cruzar un rÃo, cómo garantizar que el agua llegue a tiempo, qué trazado permitirá a un territorio no quedar aislado. Y detrás de cada una de esas decisiones hay personas que asumieron la responsabilidad de no fallar para que el resto podamos vivir sin pensar en ello.
Para quienes ejercemos este oficio, estas mujeres son un espejo incómodo y necesario. Nos obligan a preguntarnos qué nombres seguimos dejando fuera de nuestros relatos profesionales, qué trabajos quedan relegados al anonimato, qué sesgos persisten aún en aulas, oficinas y obras. Nos recuerdan que cada proyecto que damos por "técnicamente resuelto" encierra también una dimensión ética: quién participa, quién firma, quién decide, quién permanece en la sombra.
Devolver luz a sus trayectorias es un acto muy propio de la IngenierÃa: revisar la estructura, identificar dónde faltan apoyos, reforzar aquello que el tiempo ha dañado. Poner en circulación sus nombres es recalcular la historia de la profesión para que se ajuste mejor a la realidad que pisamos cada dÃa. Porque esa huella invisible que dejaron —como las cimentaciones que no vemos, como las redes subterráneas que nos sustentan— sigue soportando nuestro presente y condicionará la ingenierÃa que imaginemos para el futuro.
Quizá de eso se trate, al final: de que la próxima vez que una Ingeniera o un Ingeniero cruce un puente, recorra una autovÃa o supervise una presa, no solo evalúe la solución técnica adoptada, sino que también se pregunte por las historias, los nombres y las renuncias de mujeres que, como Consuelo Carré Campo y Araceli Sánchez Urquijo, hicieron posible que esa obra exista. Solo entonces su hazaña silenciosa dejará de ser del todo invisible.
BibliografÃa
• Archivo UPM [@biblioteca_eic_upm]. (17 de mayo de 2017). Escuela de Ayudantes de Obras Públicas, hoy @eic_upm, edificio en la calle Alfonso XII de Madrid [FotografÃa]. Instagram. https://www.instagram.com/p/DTiSDvgjFwF/
• Asociación de Ingenieros Civiles de Galicia. (9 de agosto de 2020). Historia de las mujeres en la ingenierÃa. https://ingenieros-civiles.es/actualidad/actualidad/1/730/historia-de-las-mujeres-en-la-ingenieria
• Carreira, X. M. (25 de septiembre de 2018). Tras la pista de Araceli Sánchez Urquijo. https://www.xmcarreira.com/2018/09/tras-la-pista-de-araceli-sanchez-urquijo.html
• Investigart. (31 de enero de 2017). Ciencia en el Retiro: la antigua Escuela de Ingenieros de Caminos. https://www.investigart.com/2017/01/31/ciencia-en-el-retiro-la-antigua-escuela-de-ingenieros-de-caminos/
• Museo del Ferrocarril. (2018). Mujeres pioneras, áreas de actividad del Ministerio de Fomento [Archivo PDF]. https://www.museodelferrocarril.org/educacion/pdf/2018_Mujeres_Pioneras.pdf
• Wikipedia. (13 de febrero de 2024). Araceli Sánchez Urquijo. https://es.wikipedia.org/wiki/Araceli_S%C3%A1nchez_Urquijo
Autora. Laura Verdugo Tabuenca, Ingeniera Civil.

